• ¿Existe la obligatoriedad?
  • ¿Podemos interrumpirla, si nos sentimos rebasados, invadidos, incomodos?

Por: Ángel Ramírez Hernández

Maestro en Periodismo Político, Miembro Fundador y Presidente del Colegio de Profesionistas en Comunicación de Quintana Roo, A.C.

Chetumal, Quintana Roo a 06 de agosto del 2018.- ¡Sospechosismo! Es el que rodea la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) cuyo objetivo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) al menos en teoría, es obtener información sobre el monto, procedencia y distribución de los ingresos y gastos de los hogares nacionales o extranjeros que residen en México.

Si usted tuvo la “fortuna” de que su hogar haya sido una de las 87 mil 828 viviendas seleccionadas para ser encuestadas, bajo un método de selección poco claro, agárrese, porque de entrada tendrá a un empleado del INEGI por varios días en su casa, sacándole, a veces, no de muy buen modo, la información requerida.

Si bien es cierto, que desde 1984, cada dos años el INEGI lleva a cabo esta campaña para integrar información acerca de las características ocupacionales y sociodemográficas de cada uno de los hogares mexicanos, de su infraestructura y el equipamiento de su casa, y que, como buen ciudadano, tenemos que participar, también es cierto es sumamente incómodo.

De entrada, que usted tenga a una persona desconocida, solo identificada por su credencial de empleado del INEGI, invadiendo su casa, preguntándole sus hábitos de consumo, los secretos estructurales y espacio de su vivienda, así como los manejos y orígenes de su dinero, no es nada fácil enfrentar, se lo digo con conocimiento de causa.

Para ellos es placentero decirle, que es uno de los desgraciados, perdón “agraciados” de que su vivienda sea encuestada como una parte representativa del total de la población, por lo que por norma, está obligado a ceder, no puede decir que no; Pues hay sentencia de ley que marca la obligatoriedad.

Dar sus datos personales, porque hablar de su casa, sus hábitos de consumo y los manejos y orígenes de su dinero, lo considero datos personales, no es fácil, de entrada tiene que confiar en un desconocido, identificado sí, pero desconocido que le pide información confidencial, en un país donde no se ha podido garantizar la protección de sus datos personales.

Hasta ahora, todas las medidas para proteger sus datos, han sido vulneradas, por ello el tráfico, la filtración de datos personales es una constante en nuestro país, nadie lo protege de manera seria y eficiente, además los encuestadores no todos son de primer nivel, sí fueron capacitados, pero eso no asegura que sean eficientes, sutiles, comprensivos, cautos.

La mayoría de las ocasiones, la encuesta toma tintes de interrogatorio que incomoda, asusta, y no porque uno ande en malos pasos, sino porque nos sentimos rebasados, inseguros en cómo será el manejo de nuestra información confidencial, a pesar de que la misma ley del INEGI nos protege, quien nos asegura que el receptor de la información, sea la autoridad o el empleado, no vayan hacer mal uso de la información.

En México ya no se puede confiar en nadie, sobre todo en un Estado como Quintana Roo, con más de 400 ejecuciones, dónde la extorsión es una constante, ¿Quién nos defiende de ello, quien nos asegura la integridad?.

Ya de por sí el ciudadano integro, es perseguido, avasallado por una ley nacional de lavado de dinero, que ninguna operación comercial o laboral que realicemos está exenta del control del Servicio de Administración Tributaria (SAT), acciones que por principio desconcierta e incómoda, como para que a través de encuestas nacionales, cualquier miembro de tu familia que cuente con 12 años o más, tenga que seguir aportando a diestra y siniestra información confidencial que debiera corresponder exclusivamente a tu hogar.

Comentan algunos empleados del INEGI que incluso en estas encuestas puede haber cruce de información, es decir, si hablando de tus consumos, tú dices que no consumes cierto producto y el encuestador quiere confirmar, puede ir incluso a tus depósitos de basura para cotejar, algo que es bastante incómodo para ser un acto civil de coadyuvancia al estado, aunque la obligatoriedad es de ley.

¿Qué pasaría si alguien se rehúsa a ser encuestado, o parar el ejercicio si se siente incómodo, invadido?, es decir, ¿Si no quiere participar, hasta donde llega su obligatoriedad, quien lo obliga, cuáles son tus derechos, usted lo sabe?, hasta dónde puede llegar el encuestador con sus preguntas, porque también se sabe que  algunas preguntas pudieran no ser las mismas, aunque por ley tienen que ser así para todas las familias, es decir, la ENIGH 2018 ya inicio, se capacitaron a cientos, miles de encuestadores, ¿pero?, se informó o sensibilizó al encuestado, muchos por decir lo menos, nos sentimos incomodos, temerosos, invadidos por personas identificadas sí, pero totalmente desconocidas.

De acuerdo a folletos y panfletos oficiales, la información de la Encuesta será captada del 11 de agosto al 28 de noviembre, aunque muchos desde hace varios días ya estamos sujetos a ellas, en algunos casos con muy poco profesionalismo, sensibilidad y conocimiento por parte de quienes las aplican.

La Confidencialidad de la información se rige por la Ley del Sistema Nacional de Información y Estadística y Geografía, que en su artículo 37 indica, los datos que proporcionen los informantes con fines estadísticos, son estrictamente confidenciales y bajo ninguna circunstancia podrán utilizarse para otro propósito, ¿Podemos los mexicanos creer, estamos totalmente protegidos?, la respuesta es no, hay muchas evidencias en el manejo de datos personales que nos dicen lo contrario.

Lo primero es si los encuestadores, son confiables, la tarea que realizan lo amerita, ¿Cuáles fueron los métodos para seleccionarlos, como podemos creer en ello?, a fin y al cabo las preguntas que nos hacen es muy personal, intima dijéramos, y sí, incomoda y mucho.

Pero como dice la letanía del INEGI, sus empleados tienen la obligación de guardar los secretos estadísticos, no divulgar ninguna información proporcionada; Pero como en otros casos, la información personal es susceptible a ser enajenada, vendida al mejor postor, sobre todo cuando existen intereses que van más allá del fin común.

En fin, si usted es de los agraciados a responder esta encuesta, le adelanto, tenga paciencia, tolerancia, se sentirá por decir lo menos invadido, al menos que tengan también la suerte de que le toque un encuestador con experiencia.

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