Por: Ángel Ramírez Hernández.

Maestro en Periodismo Político, Miembro Fundador y Presidente del Colegio de Profesionistas en Comunicación de Quintana Roo, A.C.

Chetumal, Quintana Roo a 22 de enero del 2019.- ¡Enseñanza! La que deja a todos, propios y extraños, la explosión de uno de los ductos de gasolina, propiedad de Pemex, ubicado en Tlahuelilpan, Hidalgo, que sacudió al país, cuando estaba siendo literalmente saqueado por habitantes de la zona.

No es un asunto menor, 89 personas han muerto hasta el momento, entre ellos menores de edad, consecuencia de una cadena de irresponsabilidades, omisiones y complicidades que involucra tanto autoridades como ciudadanía en general.

Es un hecho que los responsables directos, son las más de 600 personas que decidieron seguir a quienes perforaron el ducto por dónde Pemex distribuye diariamente a un sector del país, miles, quizás millones de litros de gasolina, con el único propósito de ordeñarlo, con toda la fuerza del concepto de la palabra.

Robar por sí solo, es un delito, hacerlo en propiedades federales, poniendo en riesgo la seguridad nacional, es un agravante que, solo se entiende si hay complicidades e impunidad, alimentada desde el propio gobierno y la sociedad.

Es un hecho que el robo de gasolina, ha dejado a través de los años, miles de millones de pesos en ganancias tanto a autoridades de los tres niveles de gobierno, incluidos los de Pemex, como a grupos sociales, delincuenciales y carteles del narcotráfico que, se distribuyen los ductos de gasolina, de la misma manera que lo hacen con las rutas o zonas  en las que comercializan la droga.

Todas saben cuales son los puntos vulnerados por los “huachicoleros”, concepto asignado, a quienes roban la gasolina a Pemex, es como las narco tienditas, todos conocen dónde hay una; ¿Pero quién se atreve a denunciar un negocio que deja ganancias, muy cercanas a las que deja la venta de enervantes?

¡Nadie!, de este negocio todos salen favorecidos, incluso familias enteras, por necesidad o simplemente por obtener ingresos fáciles.

Y no es casualidad lo que pasó en esa zona del centro del país, Tlahuelilpan es una comunidad hidalguense que, en los últimos tres años, pasó del cuarto, al primer lugar nacional en el robo de gasolina a Pemex, incluso superando a Puebla, el líder en el rublo, ¿Cómo se llega a eso?, muy sencillo, con una red de complicidades.

Las imágenes en Tlahuelilpan son elocuentes, escalofriantes, vergonzosas, más de 600 personas robando combustible de una fuente, creada tras perforar una tubería que todos conocían, estaba ahí.

Vemos en las redes sociales, imágenes de adultos, llenando sus bidones de plástico, con niños en brazos, la locura de la irresponsabilidad, si se me permite la expresión, hombres y mujeres participando en el hurto social más grande que ha saqueado y puesto a Pemex al borde de la quiebra.

Sí, pudimos observar como la autoridad encargada de salvaguardar la seguridad nacional, ejercito, protección civil y toda la que usted diga, era permisiva ante el fenómeno social que avergüenza a México.

No se podía ir contra el pueblo sabio y noble, pues además de que tienen necesidad, también los respaldan los derechos humanos, a pesar de que roban a la nación, afirmaba la máxima autoridad del país.

El populismo no puede encajar en la defensa de la soberanía nacional. Yo me pregunto, ¿Que hubiera hecho el gobierno de Rusia, o el de Canadá, incluso el de los Estados Unidos, países con alta gobernabilidad, en la situación que enfrento el gobierno federal en Tlahuelilpan?, ¿Seguramente lo mismo verdad?

Nuestro gobierno es tan permisivo como cómplice de lo que nos sucede como país, no aplica la ley con toda su consecuencia contra quien la vulnera, la complicidad es la detonante de los delitos que a diario cometen funcionarios de gobierno y sociedad en general.

Todos somos culpables de la explosión en Thahuelilpan, por acción u omisión. Ahora, deudos de los muertos, y con todo respeto a sus memorias, calificados ladrones de la nación, piden al gobierno indemnización, por Dios, ¿En qué mundo vivimos?, que se den por bien servidos que, a las decenas de sobrevivientes, una vez que se recuperen, no se les meta a la cárcel, por atentar contra el país.

Muchos de ellos, estoy seguro, respaldaron públicamente las acciones del gobierno federal en contra de los “huachicoleros”, y peor aún, hasta AMLOVERS puede haber entre ellos; pero le entraron al ilegal y vergonzoso negocio.

No nos engañemos, somos un pueblo que tiene los gobernantes corruptos que tanto daño hacen a la nación, porque somos iguales, hablamos de justicia y delinquimos, hablamos de paz y hacemos guerra, así no se puede construir un país digno.

Mientras el gobierno no aplique la ley, sin temblarle la mano, ni dolerle el corazón, ni exaltar el populismo contra los que infringen la ley, sea quien sea, las explosiones, los hechos como el de Tlahuelilpan seguirá sucediendo y, aquí, los responsables somos todos, ¡no nos mintamos!

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