Por Esteban Guarneros Aragón

Chetumal, Quintana Roo a 14 de julio del 2020.- Después de casi mes y medio de desconfinamiento, a partir del 1 de junio, Chetumal la capital del estado de Quintana Roo regresa al encierro en sus casas, todo aquel esfuerzo que se logró en las primeras semanas de la llegada del coronavirus a México, el cumplir con no convivir entre familiares, amigos y compañeros de trabajo para evitar se propagará la pandemia, al parecer, quedó sin sentido, ni valoración por parte de un sector de la población irresponsable y de gobiernos tibios o distantes de la realidad.

El primer día de junio el gobierno federal anunciaba la terminación del programa “Sana distancia”, el proyecto la “nueva normalidad” y a nivel local se informaba del programa “Reactivemos Quintana Roo”, acciones que no se entendieron por un sector de la población, en donde Chetumal fue el ejemplo de lo que no se tenía que hacer al volver a salir a las zonas públicas.

¿Qué no resultó en los días siguientes a la apertura económica? las respuestas son variadas y contrapuestas, lo real es que el virus llamado popularmente Covid-19 se expandió por todo el Estado.

¿Qué pasó con la gente, por qué no hizo caso?

Los mexicanos nos hemos caracterizado por no decirnos totalmente la verdad, tratamos de no herirnos y actuamos con la esperanza de que todo esté bien aunque no sea así y pensamos que las cosas van a cambiar por un acto de divinidad.

Por otro lado, hemos crecido por años con esa actitud de escuchar pero no hacer caso, “por un oído te entra y por el otro te sale” decían nuestras madres. Así somos realmente, pero a la hora de reconocer nuestros actos no lo aceptamos, nos ofendemos y en vez de cambiar y mejorar negamos obediencia o defendemos nuestra ignorancia con enojo y bravura.

Lo cierto es que muchos chetumaleños mostraron su lado rebelde y ante la desobediencia de las autoridades en un mes (13 de junio al 13 de julio) el número de contagios pasó de 242 a 1,267, sumaron en 30 días 1,025 infectados de Covid-19.

La confianza que los gobiernos depositaron en su ciudadanía fue ignorada por un grupo de gente que hizo caso omiso de las indicaciones preventivas de sanidad para evitar la transmisión y, en esa indiferencia por el respeto de los demás ciudadanos el control de éste germen peligroso para la salud se perdió y el coronavirus se propagó.

¿Qué pasó con los gobiernos fueron moderados, confiados o negligentes?

Durante toda la pandemia en México hemos tenido distintas versiones y apreciaciones de qué debemos hacer los ciudadanos, en medios audiovisuales vemos al presidente Andrés Manuel López Obrador minimizar, cada vez que puede, el peligro de la pandemia, pero a la vez pide al pueblo conducirse con cuidado; hemos escuchado y visto a su Secretaría de Salud ser indulgente con lo que sucede y querer hacer entender en semanas con gráficas detalladas, cifras y explicaciones técnicas, en un intento de ser claros y descriptivos, lo que le costaría a la mitad de los mexicanos entender en tres años.

El regaño, el jalón de oreja, la nalgada y en ocasiones algo más agresivo fue parte de la educación que vivimos muchos en el siglo pasado, actos que hoy en día se clasifican como maltrato, pero que sin embargo sirvió para muchos, de aquella época, entender lo que era una orden, una instrucción, una regla que cumplir.

Lo que más se lee y se ve en redes sociales son textos de que a los gobiernos, tanto federal como estatal, les falto ser más rígidos, más estrictos, incluso más justos con todas aquellas familias que si acataron las medidas de prevención.

Hoy, la ciudad de Chetumal vuelve al confinamiento por la expansión del virus y la crisis que existe ya en los hospitales de la capital del Estado es preocupante, en especial para todos los capitalinos, porque los enfermos que se atienden en estos nosocomios vienen de los 554 asentamientos humanos rurales que existen en el municipio de Othón P. Blanco además, por supuesto, de la capital.

¿Los gobiernos saben hacia dónde dirigir esta grave situación de la pandemia?

Los discursos oficiales afirman que su gran preocupación es la salud de su pueblo, sin embargo en los hechos vemos que la gran necesidad de reactivar la economía del país, obligan a sus gobernantes pedir que se levanten las cortinas y se abran las puertas de todo el comercio en México, reactivar la economía en momentos de mayor propagación del coronavirus en Quintana Roo, puede ser tan riesgoso como la desaparición de empresas y con ello el aumento del desempleo que puede llevar al país y las entidades federativas a problemas sociales más graves. La salida no es fácil hay que ser muy ingeniosos, prudentes y no ocurrentes.

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